"[...] El coche echó a correr por la calle silenciosa, indiferente a los gritos y pataleos de la mujer. El humo del tubo de escape movió el vestido blanco que Genevieve apretaba contra las manos regordetas, y las estrellas brillaron, y el coche se alejó en el desierto, perdiéndose en la oscuridad.
Walter Gripp viajó sin detenerse durante tres noches y tres días. Una vez le pareció que lo seguía otro coche, y sudando, estremeciéndose, tomó un camino lateral, y atravesando el solitario mundo marciano, dejó atrás las ciudades muertas y siguió y siguió una semana y un día más, hasta que hubo quince mil kilómetros entre él y la ciudad de Marlin. Entonces se detuvo en un pueblo pequeño llamado Holtville Springs, donde había unas tiendas diminutas que él podía iluminar de noche y unos restaurantes donde se sentaba a esperar la comida. Y desde entonces vivió allí con dos grandes congeladoras, provisiones para cien años, cigarros para diez mil días y una buena cama con un mullido colchón.
Y si de vez en cuando, a lo largo de los años, suena el teléfono, él no contesta."
"Crónicas Marcianas"
Ray Bradbury
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